Un nuevo balde de agua fría sacudió las expectativas económicas del país luego de que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recortara drásticamente su proyección de crecimiento para el Producto Interno Bruto (PIB) de Chile, fijándola en apenas un 1,7% para este año 2026. La cifra se sintoniza con el pesimismo instalado en el mercado local tras los malos resultados del Imacec y enciende las alarmas respecto al rumbo de la reactivación económica.
En su último informe de perspectivas globales, el organismo multilateral con sede en París argumentó que el ajuste a la baja responde a una combinación de factores internos que están frenando el dinamismo de la actividad. Entre ellos, el reporte técnico apunta de manera directa al impacto del encarecimiento de los costos de la energía sobre la producción industrial y el comercio, sumado a una política fiscal que requiere de mayor consolidación para estabilizar la deuda pública y controlar las presiones inflacionarias remanentes.
Asimismo, la OCDE advirtió que la inversión privada en el país se mantiene resentida debido a las estrictas condiciones financieras —derivadas de las tasas de interés aún elevadas— y a la persistente incertidumbre regulatoria en sectores clave como la minería y la energía. El documento subraya la urgencia de acelerar reformas estructurales que destraben la permisología de grandes proyectos e impulsen la productividad laboral, la cual ha mostrado señales de estancamiento en los últimos ciclos.
El lapidario diagnóstico del bloque internacional echa por tierra el optimismo inicial del Ministerio de Hacienda, que insistía en mantener las estimaciones anuales por sobre el 2,5%. Con este nuevo ajuste, Chile se posiciona entre las economías con menor ritmo de expansión dentro de la región para este ejercicio, intensificando el debate político sobre la necesidad de reorientar el gasto público y otorgar mayores certezas jurídicas para atraer capitales extranjeros.